La obra de la autora de “Monólogos de la vagina” generó una polémica en torno a sus afiches en vía pública. La adaptación habla sobre incomprensión parental, anorexia, trabajo infantil, mutilación femenina y embarazo adolescente. Carolina Duek, especialista en consumos culturales para adolescentes, fue al teatro Tabaris acompañada de dos chicas de 15 y 16 años. En este ensayo, da cuenta de esa experiencia y sostiene que, aunque entretenida, no se trata de una puesta “provocadora” e “incómoda”, tal como pretenden sus productores. Supuesta contracara bienpensante de los productos de la factoría de Cris Morena, “Criatura Emocional” se propone tratar “otros” temas pero queda encerrada en su lógica comercial.



La obra más comentada del momento pudo ser conocida porque su autora es una feminista con carrera: Eve Ensler, la mismísima dramaturga que escribió el hit global “Monólogos de la vagina”. También pudo lograr notoriedad por el casting, de nuevos talentos adolescentes, un par de ellas “hijas de”. Pero el punto de la polémica de la obra no comenzó con la tensión del feminismo y su interpretación, tampoco se ordenó en torno a las figuras y mucho menos al precio de las entradas (de 200 a 240 pesos). Los afiches publicitarios fueron la clave:

“¿Qué preferís? ¿Un novio que te pegue o que nadie te invite a salir?”

“¿Qué preferís? ¿Encontrar un video hot tuyo en Internet o que te encuentren un tumor cerebral?”

El libro, en varias partes, presenta estos “moral dilemmas” que dinamizan la trama. En la obra, sólo aparecen al comienzo cuando, al entrar a la sala por diferentes puertas, las seis actrices se preguntan varias cosas con esta estructura. Impacto. Risas nerviosas. Tensión. Todo a los gritos con música fuerte. Una vez más, la búsqueda constante de conmoción e identificación con alguno de los dilemas, es el objetivo de la puesta. Es curioso que en el texto original una de las chicas (sólo identificada como “girl 2”) diga:

-Quiero diferentes preguntas. Odio estas opciones. Odio mi vida.

En la adaptación argentina eso no aparece. Los dilemas son utilizados para introducir el campo sobre el cual se monta el texto de la obra; a cada pregunta se supone que la sigue un “tema” del amplio espectro de la pretendida corrección política de la obra. La decisión de publicitar la puesta a través de estos dilemas es, por lo menos, irresponsable y peligrosa. La cantidad de personas que pueden ir al teatro es ínfima en relación con aquellas que vieron los carteles en la vía pública (que fueron retirados debido a la polémica que escaló la última semana). La pregunta es si la polémica fervorosa era un efecto buscado de la campaña o si fue una “mala lectura” de los afiches. Es decir, la clave aquí radica en la forma en la cual se expone a gran escala una cantidad determinada de preguntas cuya resolución es polémica, discutible y riesgosa. El comunicado difundido por los productores califica la obra de “incómoda” (cabe pensar que sólo puede serlo para alguien que jamás hablo de sexo con sus hijos adolescentes) y, astutamente, hace una enfática invitación a que los ofendidos con la publicidad vean la puesta. ¿Cuáles son los límites de la provocación y de la llamada de atención a los potenciales espectadores? ¿Cuáles son los criterios con que se diseña una campaña publicitaria dirigida a adolescentes (y a sus padres) pero que ve mucha gente de manera simultánea? Y lo peor, lo más indignante, es que el peso que tienen estos dilemas en la obra es menor. Ni siquiera están presentes a lo largo del texto central. La pregunta reaparece (y mucho más severa) luego de verla: ¿Qué necesidad de hacer esto? Más allá de los testeos a los que fue sometida, el error grave de esta campaña es confundir “llamar la atención” con el costo a pagar por ese llamado. Pero acá no hubo medida sino puro cálculo: a la pregunta sobre cómo atraer público, la respuesta fue esto que no sólo contradice el “espíritu” del texto, sino que ni siquiera es tan relevante en la adaptación que se está vendiendo. La contraparte de esta operación publicitaria sería el mensaje que la obra les “deja” a las adolescentes. Como una supuesta contracara de los productos de la factoría de Cris Morena, Criatura Emocional se propone abrir “otras” puertas y tratar “otros” temas. En palabras de productores, director y actrices –que desfilaron por decenas de magazines y programas de espectáculos – el objetivo es “abrir la cabeza” de las chicas que los van a ver.

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Noche de chicas

El domingo a las 18:30 hs. espero a las dos invitadas, Mailén, de 16 años, y Laura, de 15, para ver “Criatura emocional”. Entra al bar Carmen Barbieri con un asistente. Todos la miran. Tiene un sweater negro con una gran leona (¿o era un puma?) y gesticula exageradamente, como siempre que aparece en televisión. Quizás sea un buen augurio. Varias “celebrities locales” o “personalidades de la tele” ya fueron a verla. Maju Lozano, Luciano Cáceres (el “padrastro” de una de las protagonistas), China Suárez, Gabriel Corrado. Algunos, como  la periodista Florencia Etchevez, después la criticaron con saña en twitter (se levantó antes de que terminara). Nos sentamos en la fila 2. Como no hay fila 1, tocamos el escenario con las manos. El teatro se va llenando. La platea: 95% de chicas entre 14 y 19 años solas o con sus madres. Algunos padres y adolescentes, como siempre, funcionan como las excepciones que confirman la regla. Mailén dice “no aguanto más esta música de mierda, me está quemando la cabeza”. La melodía es repetitiva, de pocos acordes, como si alguien estuviera pegándole con un palo a una superficie metálica.  “Criatura emocional” se organiza en torno a testimonios (y ficcionalizaciones de testimonios, tal como lo propone el libro) de jóvenes de diferentes lugares del mundo. Fue escrita por Eve Ensler en 2010 y la puesta en Buenos Aires es dirigida por Fernando Dente y adaptada por Lily Ann Martin. Hay que reconocer que las seis actrices con sus monólogos, canciones, coreografías y desplazamientos por la sala mantienen a la platea expectante, tensa y atenta durante ochenta minutos. La ex “Vecinos en guerra”, Candela Vetrano (la más aplaudida por la platea eufórica al final de la obra) entra al escenario con un celular en la mano: intenta sacarse una foto ni muy seria, ni muy contenta, ni muy relajada, ni muy… Dice que ya se sacó más de trescientas en la última media hora (lapso en el cual les dijo a sus padres que estudiaría) y ninguna la convence. Y así comienza la obra que se organiza en torno a varios ejes: incomprensión parental, anorexia, el deseo de pertenencia a determinados grupos, violencia, violación y secuestro de menores, trabajo infantil, mutilación femenina, embarazo adolescente, por nombrar algunos. Solo falta el consumo de paco, por hablar de un mal contemporáneo. Las intervenciones están unidas por dos factores: la experiencia y el testimonio. Con una lógica muy similar a la de No Logo (Naomi Klein, 2000), la búsqueda de testimonios a escala global construye un verosímil de representatividad, exhaustividad y diversidad. Las experiencias y los testimonios se orientan a la reconstrucción de las vidas de las jóvenes alrededor del mundo. Klein en su libro (que se orientaba a la denuncia de la explotación de trabajadores, consumidores y usuarios de las grandes marcas) presentaba la palabra de los entrevistados como puertas de entrada privilegiadas para la búsqueda de la información. En Criatura Emocional encontramos una dinámica similar: con carteles que indican los lugares del mundo de donde provienen los testimonios (esto no queda tan claro en el teatro Tabaris pero sí en el libro de Ensler), se propone componer un abanico de experiencias a través de las cuales sus espectadores puedan identificarse o conmoverse. La identificación se relaciona con los casos más “light”: la relación con los padres, con las amigas y la anorexia son los tres grandes temas con los que la platea, tal como estaba compuesta, podría sentirse cercana. El resto de las problemáticas se orienta a la composición de un mapa de testimonios que, a modo de rompecabezas, se propone reconstruir un supuesto universo discursivo y problemático: el de las adolescentes del mundo. Margaret Mead escribió en 1928 un libro brillante titulado Adolescencia, sexo y cultura en Samoa en el que se ocupa (de manera minuciosa y precisa) de desmontar la categoría de adolescencia tal como la comprendemos en el “mundo occidental”. La pregunta que se propuso responder Mead (repito, en 1928), le permitió identificar las formas en las que la adolescencia como etapa conflictiva, de cambio y “difícil” era una construcción cultural. Es decir, lo que Mead puso sobre la mesa es que las y los jóvenes del mundo no atraviesan los mismos conflictos ni tensiones sino que éstos, como ya leímos con Marx y luego con Gramsci, se vinculan con los contextos, las interpretaciones, las posibilidades y las limitaciones de cada joven en sus grupos sociales específicos. En Criatura Emocional no hay contextos ni condiciones que ubiquen los testimonios en un universo puntual. Todo ocurre en un mismo tiempo y espacio con el efecto (que siempre es ideológico) de igualar las historias. Naturalmente, no pienso en la igualación literal sino en la concatenación de una historia tras otra con la generación del efecto de equiparación de una historia con otra en un tiempo y espacio. Entonces, luego de un chat (las seis protagonistas fingen chatear entre sí paradas en el escenario sin mirarse y moviendo los dedos como si estuvieran tipeando en un computadora o teléfono) de consejos sobre cómo mantenerse anoréxicamente flaca, viene el testimonio de una joven embarazada (con madre católica, cómo no) y luego el de una chica de diecisiete años secuestrada hace dos por un policía/tratante de personas para su explotación sexual. Todo ocurre en la misma superficie textual y teatral.

 

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“Quiero caminar con vos en las montañas, no ser tu amiga en Facebook”

I am an emotional creature [Soy una criatura emocional], el texto sobre el que se monta la obra de teatro ya ha tenido representaciones en Estados Unidos y en muchas ciudades del mundo. Es una franquicia.  La venta de derechos para la representación de obras no es sencilla y suele incluir un ajustado control sobre la adaptación, la puesta en escena, el casting y el despliegue de actores. Los derechos y franquicias globales siguen estrictos controles. En Criatura emocional los guiones y monólogos siguen al pie de la letra aquellos citados en el libro que les dio origen (variaciones menores como la mención a los “churros con dulce de leche” en el chat sobre la anorexia le dan un “toque” local que no es más que un breve guiño a la platea). La crítica a la necesidad de complacer a terceros, al peso de la mirada de los otros sobre nuestra vida cotidiana, y las decisiones y tensiones que eso conlleva, aparece como la clave tanto del libro como de la obra. La voz en off de la actriz Gloria Carrá, madre de una de las protagonistas, habla al comienzo y al final “inspirada” en estas palabras de Ensler: “Este libro es un llamado a cuestionar, más que a complacer, a provocar, desafiar, atreverse, satisfacer tu propia imaginación y apetito (…) es un llamado a tu ser original, a tu criatura emocional”. Y aquí comienzan a aparecer las contradicciones: el casting de actrices está caracterizado no sólo por la belleza de las protagonistas sino, también, por su delgadez. Curioso dato: en una obra orientada a la crítica de los estereotipos no existe ni medio guiño “bienpensante” respecto de la representación de los cuerpos que se eligen para poner sobre el escenario. Todas flacas, preciosas y bien arregladas (ropa, maquillaje, y accesorios) despliegan una interpretación del guión claramente muy ensayada (muy ensayada, tal es el efecto). Pero, una vez más, la contradicción: tanta “producción” de las actrices pareciera contrariar el espíritu del cuestionamiento, de la provocación. ¿No pueden actuar a cara lavada, por ejemplo? ¿Y si lo hicieran con un pantalón negro y una remera negra? No. El efecto pleno se logra, también, en la construcción de las actrices como “celebrities”: los gritos del público y el llanto de muchas espectadoras aparece cuando ellas pasean por la sala cantando y tocando a las adolescentes sentadas en la platea y no en la mitad de los consejos para superar el secuestro y violación sistemática (tal es el caso de una de las experiencias). Fans, divino tesoro: si la identificación no ocurre con las historias ni con la representatividad (supuesta) de los temas volcados, siempre están los seguidores (más bien “las”, en este caso). Tocar al público, mirarlos y “conectarse”, aparecen como nuevas propuestas que tensionan con la falta de contacto de Facebook, tal como es “denunciada” en una de las canciones (que se canta a los gritos, como en muchos-demasiados- momentos de los ochenta minutos). “Quiero caminar con vos por las montañas, no ser tu amiga en Facebook”, dice el libro. En el teatro vemos el ya mencionado chat grupal, sobre una pantalla, las fotos que se saca una de las chicas para su perfil y series de acciones que ubican a la obra en el espacio de la contradicción. Lo políticamente correcto se encuentra tensionado con prácticas de las adolescentes que no se pueden negar ni desplazar: entonces los celulares cobran protagonismo en el mismo espacio en el que son criticados. Podría seguir con ejemplos que se orientan en torno a la matriz de la contradicción porque la pieza teatral los recorre de manera sostenida. Pero otro elemento que nos permite pensar en las contradicciones se vincula con los estereotipos. La exageración constante de los personajes y los perfiles que representarían (idealmente, claro) convierte los mismos testimonios en síntesis de las experiencias que está denunciando. El estereotipo tiene, siempre, una dimensión variable de veracidad. Pero tiene otra, necesaria, de generalización y de desplazamiento de particularidades. El recurso es siempre dinámico y claro pero tiene la consecuencia inexorable de desplazar y de invisibilizar los matices. Pensemos, por ejemplo, en la chica que habla mientras teme que su “dueño” llegue y la golpee y viole una vez más (podríamos aquí cuestionar cómo se consigue ese relato de una “esclava sexual”, pero ni el libro ni la obra presentan respuesta alguna). Tampoco hay precisión sobre las fuentes ni de la manera en la que los testimonios fueron recabados. El libro menciona generalizaciones y ficcionalización de historias reales que no sabemos cómo ni cuándo fueron tomados. Entonces, los estereotipos son la mejor manera de representar las diferentes variables con las que se intenta componer este mapa de jóvenes globales que se vende como pasible de ser comprendido por “cualquiera”.

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¿Qué preferís…?

La obra tiene el enorme mérito de transitar diferentes superficies, soportes y apelar a una batería inmensa de efectos que le permiten la identificación de los espectadores en múltiples niveles (simultáneos o excluyentes). La puesta en escena está muy cuidada y milimétricamente guionada, como todo buen guión/franquicia. Las canciones se cantan en playback y en vivo (cantan sobre el playback) y todas las protagonistas están muy pendientes de su imagen (se arreglan el jean que se les cae, la remerita que se corre o la campera atada a la cintura que no se queda quieta), una contradicción más. Laura y Mailén, mis acompañantes al teatro me dijeron, una vez terminada la obra:

“Esto no es nada nuevo, no me sorprende nada. En la escuela hablamos todo el tiempo de estos temas pero qué se yo, los que tienen que ver esto son los que no van a la escuela, tal vez (…) La obra a nivel teatral es súper confusa, las historias se mezclan, no se entiende lo de los países” (Laura, 15 años).

Laura va a una escuela pública de la Ciudad de Buenos Aires y los temas le parecen correctos, pero para nada novedosos. Su escuela se ocupa curricularmente de ellos. Sin dilemas morales, sin tensiones, estereotipos ni reivindicaciones a los gritos sino con trabajo semanal sostenido en los cuatro años que lleva en su secundaria. La idea según la cual esta obra “abre” universos, mundos y discusiones hasta ese momento calladas, encuentra su límite. Los que debieran verla son aquellos que no acceden a la oferta educativa existente, aquellos que no podrían ya no sólo pagar esta entrada sino acceder a la discusión sobre el valor que puede tener un par de zapatillas (o botas, como en la obra) en el imaginario de la construcción identitaria frente a los otros. Tanto el libro como la obra son interesantes y para discutir. Pero no son ni epifánicos, ni revolucionarios: son parte de un conglomerado privado y empresarial que se reivindica “bienpensante” pero cuya matriz ideológica no se alteró a la hora de pensar los afiches y la campaña de medios.

“¿Viste cómo estaban vestidas las pibitas? Todas flacas con tacos, las calzas metidas en el culo (…) ¿Vos pensás que vienen por el mensaje o por las actrices? No te confundas, no vienen por la discusión entre feminismo, hembrismo y machismo, vienen porque son fans y seguro ahora ponen fotos en el Face las muy boludas” (Mailén, 16 años).

Ir a ver Criatura Emocional con dos adolescentes fue una experiencia hermosa. Fue lindo arreglar con ellas el “plan”, vernos, elegir las golosinas y hablar, durante dos horas, entre pizza y empanadas, sobre lo que nos había parecido los personajes y las historias; lo que más nos gustó y lo que menos. Pasamos un domingo diferente y prometimos leer este texto y juntarnos de nuevo a discutirlo. Pero no nos confundamos: la idea de que ver algo con un adolescente puede abrir canales de diálogo sólo se concreta si existe un vínculo previo con ese adulto que acompaña. No hay milagros “gracias” a esta obra teatral respecto de las relaciones complejas entre adultos y adolescentes. Y tal vez en eso reside la mayor confusión de la puesta: en creer que están abriendo canales novedosos y no explorados. Pensar eso no sólo es subestimar el rol de los adultos y de la escuela sino que implica, necesariamente, la sobre-estimación del potencial de los productos de la cultura de masas. Entonces:

a)      Señora, señor, lleve a su hijo o hija a ver esta obra si le parece interesante pero no espere (de esta ni de ninguna otra) que le resuelva a usted el vínculo que no ha construído con ese adolescente.

b)      Y a vos, “criaturita emocional”, te diría que tampoco dejes que estos textos de matriz liberadora te digan hacia dónde, con quién o contra quién tenés que dar tus batallas. Elegilas vos solita. Seguro que podés. 

 

Fotos de la obra: prensa de “Criatura Emocional”


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