Este fragmento del nuevo libro de Andrea Giunta quema: cuenta cómo ese espacio de creación, representación y trabajo se contagió de las reivindicaciones nacidas en las asambleas del 8M. Feminismo y Arte Latinoamericano, historias de artistas que emanciparon el cuerpo (Siglo XXI) revisa las ideas y obras desde los ´60 hasta hoy.



Toma 1

El 9 de febrero llegué temprano a la segunda de las asambleas desde las que se organizó el paro general de mujeres (8M) del 8 de marzo de 2018 en Buenos Aires. (…)

 

Llegué temprano a la asamblea, que se realizaba en la Mutual Sentimiento, en el barrio de Chacarita, porque quería experimentar todo el proceso, desde las primeras compañeras que empezaron a llegar, solas o en grupos, hasta las últimas, al punto de prácticamente no poder movernos. Se calculaban mil personas. Distintas oradoras presentaron situaciones particulares. Las mujeres organizadas en Posadas; las que fueron despedidas del Ballet Nacional de Danza; las de la red que, por razones de seguridad, cooperan en forma clandestina con víctimas de violencia; las que trabajan sobre los feminicidios en la Villa 21 –y que los medios de comunicación insisten en no registrar–. Se refirieron a las reuniones que, desde hace años, celebran y dieron la bienvenida a las compañeras de Ni una menos que participan de esta inmensa organización de distintas agrupaciones de mujeres. (…) Una frase fue repetida por distintas voces: las coincidencias que nos unen en la lucha son más importantes que las diferencias.

 

 

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Toma 2

El 5 de noviembre de 2017 nos sorprendió el fallecimiento de la artista rosarina Graciela Sacco. La tristeza recorrió la comunidad artística, sobre todo la de artistas mujeres. Recordamos no sólo la fuerza de su obra, política, crítica, radical, sino también las formas sutiles –y no tanto– con que el machismo de la escena artística de Buenos Aires había actuado, de distinto modo, contra ella, como artista y como persona. Sentimos que en esta desaparición se sobreimprimían muchas modalidades de violencia simbólica.

 

La artista Leticia Obeid escribió en su muro de Facebook sobre su tristeza y enumeró diez puntos acerca de las formas y los lenguajes del machismo en el campo del arte. El rebote que tuvieron sus observaciones fue inmenso, al punto que terminó transformándose en un Compromiso de Prácticas Feministas con treinta y siete propuestas, firmado por más de tres mil personas.

 

A raíz de esta serie de iniciativas, el 7 de noviembre se conformó la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte Nosotras Proponemos, donde se constituyó, entre otras cosas, que “arte” comprende no sólo a las tradicionales artes visuales, sino también a la literatura, el teatro, la música. Desde entonces, se están planteando acciones conjuntas.

 

La palabra “feminismo” recuperó legitimidad en el ámbito artístico. En términos de reconocimiento de una situación de reproducida discriminación y abuso, el Compromiso Nosotras Proponemos cuenta con algunos precedentes: la carta abierta “No nos sorprende”, por ejemplo, que elaboraron artistas de la escena artística estadounidense ante las causas legales por abuso contra el editor de la revista Art Forum, Knight Landesman; o también las marchas contra los crecientes feminicidios en la Argentina que, desde 2015, se fueron tornando masivas.

 

Es interesante que, pocos días después de la marcha, la publicación virtual Hyperallergic de Nueva York haya vinculado en su presentación del editor en jefe, Hrag Vartanian, las acciones del 8M en los museos organizadas por Nosotras Proponemos (NP) para volver visible el patriarcado en el mundo del arte, con la que llevó adelante Nan Goldin en el Metropolitan Museum de Nueva York contra el patronazgo en el arte de la familia Seckler, acusada de promover la adicción a opiáceos con su industria de medicamentos. El editor trazó así un arco que unía la Gran Manzana con Buenos Aires en la expresión de un nuevo activismo artístico.

 

Lo singular es que en esta ocasión el feminismo se articuló con fuerza en el campo artístico. (…) Lo que comenzó como una red entre personas que no necesariamente se conocían se convirtió, en el transcurso de las asambleas, en un continuo ir y venir de colaboradoras, de comisiones que se generan –prensa, archivo y legales (o ilegales), creatividad, estadísticas– y de decisiones tomadas en conjunto, donde prima más todo lo que nos une que nuestras diferencias. Entre el 25 de noviembre y el 3 de marzo se realizaron cinco asambleas en galerías de Buenos Aires.

(…) En este sentido, recogimos testimonios sobre los tratos abusivos de directorxs de instituciones artísticas, y actualmente estamos analizando cómo valorar la distancia que existe entre la simple adhesión al Compromiso, con una firma, y el hecho de adoptar sus principios transformando las instituciones que se tienen a cargo.

 

El movimiento NP pretende ir más allá de firmar un documento o realizar una acción para el 8M. NP busca visibilizar los cambios. El Compromiso o el 8M son apenas un punto de partida, el comienzo de una tarea para la que ya se están diseñando estrategias futuras.

 

Entre las actividades que se llevaron a cabo en Buenos Aires el 8M, se destacan las que se organizaron en instituciones cuyos directores habían suscripto el Compromiso (como el caso del director del MNBA, Andrés Duprat, y de su directora artística, Mariana Marchessi) o que habían desarrollado una programación en pos de la igualdad (como sucede con la gestión de Agustín Pérez Rubio, director artístico del Malba entre 2014 y 2018, quien diseñó una programación con tres exposiciones individuales de artistas mujeres por año, acompañadas de una destacada investigación, y quien también aumentó la proporción de artistas mujeres en el montaje de la colección permanente –de un 17 a un 38%–).

 

En el caso del MNBA, se oscureció la sala del primer piso, y se dejó iluminadas sólo las obras de las veinte artistas mujeres que integran un montaje de más de doscientos cincuenta trabajos, reali-zado en 2015. También se repartió el Compromiso entre el público, con la idea de poner en evidencia la desigualdad de género que se reproduce en casi todas las instituciones artís- ticas de nuestro territorio. Así, el principal museo del país se sumó activamente, desde una crítica a la propia institución. Simultáneamente, el MNBA presentó la exposición A la conquista de la luna, con obras de la colección, que casi nunca se ven en sala, de Diana Dowek, Elba Bairon, Graciela Sacco, Liliana Porter, Mónica Millán, Noemí Gerstein y Raquel Forner.

 

Por su parte, el Malba realizó una acción en la fachada del museo, sumando más de mil trescientos nombres de artistas argentinas a partir de una lista elaborada por NP. El 9 de marzo, se efectuó una performance en la que participaron alrededor de cincuenta artistas, escritoras e historiadoras del arte, que leyeron a coro el poema de Susana Thénon, “Por qué grita esa mujer”.

 

A nivel nacional, se realizaron más de cuarenta actividades propuestas por NP, que fueron coordinadas por cada institución artística.  (…)

 

Podríamos decir que ese día se produjo, en forma conjunta –y recurriendo a una palabra poderosa en el mundo del arte–, la primera “bienal” de arte feminista en la Argentina, iniciativa federal que reunió a artistas de todo el país.

 

Pero, por supuesto, el propósito no radica en producir eventos efímeros y mediáticos, sino en contribuir efectivamente a la transformación de una escena artística en la que todavía hay acoso, relaciones de poder y estrategias patriarcales que condicionan las conductas de los actores que la integran. (…)

 

Hasta aquí, la cronología candente de un tiempo precipitado en el que conseguimos sentir que, trabajando juntas, podíamos lograr un cambio. La labor que se inició en los noventa, desde espacios marginales, con relativo poder de transformación, recurriendo a las perspectivas de los estudios de género, hoy se funde en un movimiento colectivo del feminismo artístico en la Argentina que contagia alegría, construye y crea amistades, complicidades y solidaridades.

 

 

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Foto: Narcisa Hirsch ,Celebración -1968.

 

Pero como no hay certezas sobre el futuro y este es un libro que se ocupa fundamentalmente de lo que podemos conocer y aprender sobre el pasado, para transformar el presente (y también lo que vendrá), me gustaría detenerme en un breve análisis del Compromiso de Práctica Artística Feminista.

 

En primer lugar, cabe destacar que NP no propone la denuncia, sino la visibilización de las conductas propias del mundo del arte y la propuesta de prácticas transformativas específicas.

 

El documento se organiza en cinco secciones que abordan distintos aspectos del sistema del arte.

 

1 En relación con la estructura del mundo del arte. En cuatro puntos se propone una representación igualitaria (estratégicamente el 50%, en vez del 20% actual) en todos los ámbitos, desde las colecciones privadas y públicas hasta las representaciones internacionales (por ejemplo, la Bienal de Venecia). Se aborda la representación de las mujeres en los puestos directivos de instituciones y su papel en la distribución de roles y tareas. Se señala que las conductas patriarcales no están circunscriptas sólo a los varones heterosexuales, sino que las mujeres también pueden tenerlas cuando ejercen el autoritarismo y el maltrato. Se propone además visibilizar a aquellos colegas varones que guían sus prácticas desde conductas y perspectivas feministas. Por último, se plantea la necesidad de analizar la posición de las mujeres y de otros cuerpos feminizados considerando también cuestiones de raza, clase social, edad, geografía, orientación sexual, identidad de género y otros vectores diferenciales. La sección concluye proponiendo la investigación sobre las artistas, grupos sociales y otras culturas que han sido invisibilizadas.

 

2 En relación con las conductas en el mundo del arte. En nueve puntos, se abordan estereotipos desde los que se discrimina a las mujeres. Se propone reconocer en nosotras mismas el ejercicio del odio patriarcal y la misoginia aprendidos. Se valora la amistad y solidaridad entre mujeres –“Contra el corporativismo machista, la solidaridad entre mujeres (sororidad)”–. Se plantean estrategias de mansplaining para crear recursos de autoconfianza.

arte_feminismo_caja_04Foto: Paz Errazuriz , carta de Pilar a Mercedes desde Frankfurt ,1983.

 

3 En relación con la carrera artística y la creatividad. En cinco puntos, se propone crear sin límites y evitar el saqueo de las ideas de las artistas mujeres. También, cuestionar el concepto patriarcal de “carrera artística” a partir de considerar la suspensión de la actividad y posterior retorno de las artistas (por maternidad o por cuidados familiares) como un valor, y no como una desventaja. Se plantea la derogación de los conceptos de “genio” y “maestro”, así como el canon del “arte bueno” –regulado desde parámetros patriarcales–, o la noción de “ojo experto”, que entiende casi por gracia divina qué es calidad en el mundo del arte y lo administra todo desde el poder con que dicho mundo lo ha  investido.

 

4 Sobre el feminismo artístico y la historia del arte feminista. En quince puntos, se valora la identificación de las artistas y las historiadoras del arte con el feminismo. Se propone revisar las imágenes estereotipadas de la mujer, investigar la obra de artistas, investigadoras y teóricas feministas, así como analizar el lenguaje patriarcal que domina en la construcción de la historia del arte a fin de elaborar otras historias, otros relatos (y no una historia oficial del arte). Se busca evitar el estereotipo machista que vincula el éxito de las mujeres artistas con favores sexuales. Se establece con claridad que la exclusión de la obra de artistas mujeres es resultado de una censura sistémica y sistemática que redunda en la eliminación de formas distintas de la sensibilidad y el conocimiento.

 

5 Sobre el carácter inclusivo de esta propuesta. En cuatro puntos, se invita a conocer formas de sensibilidad diferentes a toda la comunidad artística, y a que tanto varones como mujeres suscriban el Compromiso feminista –“Los principios de equidad y de respeto pueden ser aplicados, predicados y respetados por todos”–. Se propone, además, el feminismo como un momento emancipador para todxs (no sólo mujeres, sino otrxs sujetxs sociales desjerarquizadxs por razones de clase, de raza, de identidad de género u orientación sexual). Por último, se plantea la necesidad de no ser cómplices de ninguna forma de violencia machista, desde la más visible hasta la más sutil y poco perceptible.

 

 

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Foto: Translations an international dialogue of women artists_ workshop ,1979.

 

 

Toma 3

Como el Compromiso, este libro plantea una opción de conocimiento.

 

En sus distintos capítulos, propone desarmar los estereotipos que dominan el mundo del arte, responder a los lugares comunes con cifras reales y estudios científicos, recuperar la historia del feminismo artístico para reconocernos en quienes nos precedieron y analizar hasta qué punto seguimos abordando hoy problemas que ya fueron discutidos en décadas anteriores. De las polémicas que figuran en estas páginas, de las obras que se abordan, de las experiencias que recuperamos, podemos aprender. Desde ellas se construyen otras relaciones con el pasado. Son ensayos que descartan el etapismo (hay que modificar primero toda la sociedad, y el arte por último), el cual obstaculizó las expresiones del feminismo artístico en los setenta y que no ha perdido vigencia.

 

Según entendemos aquí, estos obstáculos constituyen una estrategia sutil del patriarcado (articulada no sólo por sectores conservadores, sino también por las formaciones de la izquierda) que pretende desmovilizar, disminuir y desacreditar la búsqueda de igualdad a la que aspiran las mujeres y muchos varones feministas.

 

En este libro se restituye el sentido político del feminismo en su relación con el arte, pero no como la simple introducción de nombres en un sistema de poder, sino como una comprensión distinta del mundo. Con el examen de las obras que realizaron las artistas latinoamericanas, se aspira a ampliar el conocimiento, a generar nuevos conceptos, a valorar trayectorias artísticas cuyas poéticas y lenguajes son bienes preciados para una lectura más acabada de nuestra actualidad. Los lenguajes artísticos, las ideas y los afectos que en ellas encontramos nos acercan a este propósito.

 

En mi caso, entiendo la investigación, la escritura, la enseñanza y la curaduría como una forma de contribuir, desde el orden de lo simbólico, a la transformación del mundo.

 

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