Mia Astral empezó hace nueve años con pequeños videos en YouTube y consejos astrológicos desde Miami. Hoy es una estrella continental que combina la lectura de los planetas con meditación, nutrición ayurveda y espiritualidad judía. Con el confort y el bienestar como marca de época, les ofrece a las mujeres un lenguaje y herramientas para autogestionar la vida. Sus libros y sus posteos son verdaderos manuales de vida moral contemporáneos para seguidoras que, en muchos casos, se reconocen activistas y se movilizan por demandas políticas.



Mia Astral habla rápido y habla para vos. Dice “chicas”, “money”, “my baby” y lo dice claro, con humor e ironía. La oyen en silencio casi dos mil mujeres que la siguen de cerca en las redes sociales y que esperaron expectantes en las butacas del Teatro Coliseo de Buenos Aires hasta que apareció sobre el escenario. En una pantalla digital gigante se lee: “Mia Astral: de empoderadas a Diosas” y Mia, parada frente a la multitud, nos cuenta que está viviendo un cambio personal, que seguramente muchas ya se están dando cuenta. Ya no es la misma que empezó hace nueve años con pequeños videos divulgados en YouTube y consejos astrológicos desde Miami. Ajusta el micrófono digital y sacude su largo vestido rojo estilo hindú. El público grita excitado. Mía se ríe y agradece. Dice que hay poco tiempo y que hay que aprovecharlo. Se sienta en uno de los sillones rodeada de flores y se pone de pie de nuevo. Es hiperkinética pero asegura que está aprendiendo a moverse menos. Recorre el escenario de lado a lado mientras habla y gesticula a mitad camino entre una charla TED, una comediante de stand up y un pastor evangélico estadounidense. No habla de Dios: explica que Júpiter está en Libra y que Saturno en Sagitario y que no hay que tomar a los planetas como determinantes, sino como un camino de autoconocimiento y transformación.

 

Mía habla a las mujeres y vive la astrología como una cruzada para empoderarlas y para que redescubran su fuerza espiritual y su energía femenina. Su cruzada es para que las mujeres entiendan los patrones de conducta que las hacen sufrir y recuperen su amor propio, aprendan a cuidarse mejor y a sobrevivir en un mundo difícil. ¿Alguna es de Libra? ¿Hay chicas de Leo?

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La venezolana Mariana Pineda, más conocida como Mia Astral, es sin dudas uno de los fenómenos espirituales de la década. Su “coaching astrológico” es furor. Sus intervenciones en Youtube, Twitter, Facebook e Instagram desbordan las redes sociales con más de medio millón de seguidores y su libro Predicciones 2016 es uno de los best sellers del año. Su presentación en Buenos Aires agotó las entradas en pocas horas y se llenó de simpatizantes y seguidoras fieles, mujeres entre veinte y cincuenta años que redescubrieron en la astrología de Mia un camino de autoconocimiento que usa su propio lenguaje, que les explica las cosas fácilmente y que funciona también como código femenino de sociabilidad en mujeres profesionales de clase media ¿Qué explica este boom de la astrología? ¿Qué tiene Mia Astral de nuevo? ¿No es, acaso, la consulta a los astros un viejo tema? ¿Por qué son fundamentalmente mujeres sus seguidoras? Y ¿Qué es lo que la espiritualidad contemporánea tiene que ver con ciertos discursos feministas?

 

Su cambio personal es un ejemplo de que la transformación es posible y eso es lo que quiere transmitirle a su público. Una experiencia crítica personal es el punto de partida para explicarnos que su caso es el de tantas otras que pierden la voz propia en los estímulos y en la sobreinformación: ¡se flaca, se exitosa, se sexy! No da recetas, quiere que cada mujer encuentre su propio camino. El suyo se abrió cuando en una boda se sintió tan mal que empezó a vomitar en medio de los festejos. Estaba demasiado exigida. Luego de esa crisis, está cada vez más conectada consigo misma y eso tiene que ver con incorporar “técnicas ancestrales”, con ir mas allá de la astrología hacia otros recursos para sentirse mejor y “cambiar su energía”. Nos dice que estaba muy empoderada, muy segura de sí misma, pero que le faltaba el equilibrio. Y esa es la lección que quiere darnos: aunque “todas estemos en el camino” hay que pasar del hacer al ser, del esfuerzo para estar segura de sí misma al ser segura de sí misma sin esfuerzo. De hacer de empoderadas a ser Diosas.

 

Los “tips” de Mía se basan en tres premisas: el coaching, la meditación y la nutrición ayurveda. Son “tips” para parar un poco, bajarse del caballo, mirar alrededor, conectarse con una misma y las cosas importantes, pero sin exigirse. Al fin y al cabo, dice Mía, “¿Quién puede hacer yoga, ir al gimnasio, meditar y comer comida orgánica todo el tiempo? ¡Eso es ser exigida para ser espiritual, para ser sana! ¡Así no va!”.

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Mía produce empatía, identificación. Imita charlas de pareja, charlas entre amigas. Se pregunta: ¿Puedes meditar tres horas por día? Y se responde a si misma: ¡Apenas si puedo cinco minutos! Se oyen carcajadas. “Somos locas, somos locas. ¿O no somos locas?” Se pregunta. Se oye un grito seco en la platea, que viene del fondo: ¡Genia Mia! Mia para, agradece y sigue hablando sin respiro.


 

La astrología es el tema de Mía Astral. Habla de astrología, sabe de astrología. Cuadraturas, secciones de la carta natal, nodos, cuadrantes: su lenguaje es también un lenguaje técnico especializado que explica y traduce a problemas cotidianos de la vida. “Mi trabajo no es darles un horóscopo predictivo, sino hacerlas pensar un poco para que ustedes reflexionen sobre su propio proceso y se den cuenta de lo que están haciendo”, dice.

 

A diferencia de la antigua astrología predictiva, y la de muchos astrólogos mediáticos de la Argentina como Aschira, Lilly Sullos, Horangel o Ludovica Squirru, la de Mia es una astrología psicologizada que se apropia del mundo virtual como ninguna otra. Y a ello se debe parte de su éxito: habla el lenguaje de la época, el del bienestar, el confort, el de ser emprendedoras de sí mismas. Contra la idea de que los astros determinan nuestra vida Mia insiste en ver a la astrología como parte de un proyecto liberador que extienda la libertad y la conciencia. La palabra clave es “trabajar”. El conocimiento es una punta para empezar a “trabajar” sobre nosotros mismos, sobre nuestras relaciones. ¡Hay que salir del corralito! ¡Hay que salir del corralito! Insiste y se agita en una cruzada contra todo tipo de opresión, inercia, pensamientos solidificados y normas que hagan sufrir a las mujeres. Tal vez ese tema sea el resumen de toda su propuesta: no sufrir. Para eso habla como si le estuviera hablando a una vieja amiga, con ejemplos de una vida personal compartida: el stress, el esfuerzo, las exigencias del sexo, la belleza, los medios de comunicación, la vida empresarial. Son los problemas de un público que se hace eco del mensaje de Mía y lo hace suyo para gestionar a una mujer “multifuncional” de hoy que necesita “encontrar su centro”, crear sus propios rituales, hacerse responsable de su proceso en vez de esperar el momento perfecto, de vivir con intención y no con expectativa, de “descubrirse” en vez de “convertirse en” y de disfrutarse en vez de abrumarse con tanta información.

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Hace décadas el filósofo y sociólogo Theodoro W. Adorno, además de imaginar estas prácticas como alineadas con la ideología dominante, consideraba que los usos de la astrología en los medios de comunicación y la cultura de masas se alejaban de la práctica predictiva clásica e incorporaban aspectos de la psicología positiva. El propio Adorno tal vez entrase en pánico si viese la expansión contemporánea de la astrología en la cultura de masas y la síntesis de Mia Astral: ayurveda, meditación, coaching y su última innovación: la espiritualidad judía.

 

Cuando Mia descubrió la Kabbalah no durmió por seis meses. Con ella descubrió una astrología donde nada está librado al azar, sino todo el universo entramado en un orden maestro. Descubrió también que el año judío está “mejor armado” y que, por ejemplo, es mucho mejor que el año astrológico no empiece en enero, sino en Roshashaná, bajo el signo de Libra. Mía relee el esoterismo judío de la Kabbalah, que posee su propia lectura astrológica, en una versión cercana a la espiritualidad Nueva Era que se hizo célebre en la contractura de la década de 1960 con la figura del kabalista y astrólogo Rav Berg en Nueva York.

 

La astrología de la Kabbalah, dice Mía, es una astrología para los tiempos que corren porque da prioridad a las relaciones, al compartir, que va en contra de nuestra imagen del Ego, ese mundo centrado sobre sí mismo que los kabalistas llaman “satán”. Por eso lleva en su muñeca izquierda una pulsera roja, para recordarle esa enseñanza de la Kabbalah: todo lo que se recibe de la mano izquierda tiene que darse por la derecha.

 

Las ideas más difundidas sobre el sufrimiento y el bienestar son parte de un mundo que separó la religión, dedicada a las “almas”, de la psicología, dedicada a la “mente”.

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Mia Astral y su coaching astrológico altera esa separación, produciendo una síntesis a tono con gran cantidad de fenómenos contemporáneos de espiritualidad. Una combinación que incluso llega a incluir a las neurociencias advirtiendo que las mujeres no deben decirse “que gorda estoy” sino “que bella soy”, para que el “sistema activo-reticular” grabe estos mensajes en el cerebro. El tema del descubrimiento personal y el trabajo sobre uno mismo atraviesa grupos espirituales tan diversos como el neo-shamanismo de las ruedas de ayahuasca, el neo-hinduismo de movimientos como El Arte de Vivir o, incluso, grupos católicos que reivindican el Espíritu Santo, un rasgo encantado y mágico del cristianismo primitivo.

 

El lenguaje de la energía, las relaciones de reconexión y la crítica al egoísmo, entramado con el de la psicología positiva y las neurociencias, hace del mundo de Mia un mensaje religioso clásico. Seguramente ella y muchas de sus seguidoras lo llamen “espiritual”, pero sin embargo encaja con una forma de entender el mundo y las personas que lo habitamos como una trama cósmica que no está librada al azar. Ese aspecto es sustancial, porque muestra que la vida contemporánea, al menos al de una zona bastante extendida de las personas educadas de las clases medias, continúa entendiendo su mundo como una red vinculadas por fuerzas invisibles.


 

En su andar incasable sobre el escenario Mía nos cuenta la importancia de meditar al menos uno o dos minutos por día, en el semáforo, en la parada del colectivo. Transformarse en Diosa es posible en cualquier contexto. Nos cuenta una anécdota: saliendo de su casa se encontró con una vecina con varios niños, muy apurada. La paró y le dijo: ¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Tú tienes tiempo para ti? Ante la respuesta negativa Mía insiste en que es muy difícil hacerse un espacio y nos ofrece una meditación express. Se sienta en posición de loto, nos hace cerrar los ojos y toca algunos cuencos tibetanos que están en el suelo. Las dos mil mujeres quedan en silencio, pero es un silencio compartido. Las que están presentes pagaron entre 500 y 1200 pesos para estar allí, pero hay miles y miles sobre las que se extiende el furor Mia Astral que no llegaron esta noche. Se para, nos agradece y dice que solo meditamos dos minutos. ¿No les pareció mucho más? Agrega que el tiempo no importa, que hay que hacer lo que cada uno pueda para estar mejor. Dice que vuelve en breve y las luces del teatro se encienden.

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Al lado nuestro se paran dos chicas que conocen a Mia desde hace 8 años y son seguidoras de la Kabbalah. Vinieron juntas para ver a Mia como una salida de amigas, algo espacial para hacer juntas. Marina tiene 27 años y pasa corriendo a ver si puede acercarse al escenario. Vino con amigas que son “fanáticas de Mía”. La sigue desde hace años y está desbordada de contenta de verla en vivo. Se emociona y dice que Mia Astral le cambio la vida, que la ayudó a ser alguien diferente en un momento en que la estaba pasado muy mal. En estas salidas de mujeres se generan complicidades, conversaciones, confesiones, la amistad femenina en modo lúdico que habilita transgresiones, que provocan en las chicas un estado deliberativo en el que reflexionan sobre sus propias biografías, las comparten y procuran transformarlas.

 

El vestido de Mia es rojo, un color que no puede pasar desapercibido para muchas de las allí presentes, que circulan también por espacios en donde se habla de “mujeres alfa” y del poder espiritual de lo sagrado femenino que está en sincronía con la naturaleza. Los astros y el cuerpo son parte de un mismo orden, las mujeres estarían más cercanas que los hombres a esa conciencia del macro-cosmos, los astros, y del micro-cosmos, las emociones y los fluidos corporales. En el Facebook de Mia pueden leerse comentarios como “Aprendí a unirme a los ciclos de la luna para entenderme, cuidarme y respetarme. Y sobre todo para contemplar y atender mis deseos, necesidades, prioridades y mis decisiones”. En su perfil Mia explica: “Cuando la Luna está en vacío, tendemos a sentirnos un poco más dispersas, tendemos a irnos hacia adentro, las tareas de la rutina nos molestan. Cómo la Luna responde al Sol que está en Escorpio, realmente queremos ese momento a solas, un momento de meditación y de reflexión”.

 

El tema de los fluidos corporales y la sangre es parte de esta reconexión con una misma. Su acento es contemporéneo al de un boom de especialistas de la autoayuda femenina, como Miranda Grey, que ponen al ciclo menstrual en el centro de sus explicaciones de la vida femenina. En su presentación en vivo Mia pone a los anticonceptivos hormonales como ejemplo de desconexión con el propio cuerpo.

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“Somos energía creadora. No neguemos nuestra habilidad de crear” remarca, volviendo a poner el cuerpo reproductivo de las mujeres como una marca de identidad irrenunciable. No hay que taparse con píldoras ni con maquillaje. Por eso, en la segunda parte de su conferencia, donde va a meterse en detalles de la astrología y dar algunos “tips”, el vestuario es otro. Deja el vestido rojo y los tacones para calzar unos zapatos chatos, una musculosa y un pantalón babucha y dice: ¡Ahora si estoy cómoda!


 

Estos espacios de espiritualidad femenina son fuertemente controvertidos. Se combinan allí una seria de aspectos que la mirada ilustrada, secular, masculina e intelectual, considera aberrantes. El secularismo impugna la espiritualidad, el androcentrismo la autonomía femenina y el intelectualismo los fenómenos culturales de masas. Además, la espiritualidad femenina es vista por amplios sectores del feminismo crítico como parte de un orden que reafirma la sujeción de las mujeres a los lugares subordinados. Así la astrología en clave de superación personal femenina aparece como un fenómeno con poca relevancia, no sólo por estar incubado en el lenguaje espiritual, sino por considerarlo además como un residuo contemporáneo de la cultura de masas, la lógica mercantil y, por si eso fuera poco, un capítulo de la autonomía individual promovida por la cultura neoliberal.

 

Para un feminismo que reclama políticas de igualdad que vuelvan a las mujeres autónomas y soberanas de forma material y concreta, promoviendo el empleo, la igualdad salarial o aborto legal y gratuito, el énfasis en el empoderamiento vacía de contenido la dimensión política. De ahí que buena parte del activismo feminista este dejando atrás esta palabra para hablar de potenciamiento y emancipación, mientras el empoderamiento es identificado como imagen de una mujer-consumidora desde una matriz que combina el individualismo, la elección y el placer.

 

Mia habla entonces sobre un guion conocido, que corre a la par de toda una literatura de autoayuda espiritual femenina, encarnada en una gran cantidad de libros como: La diosa en nosotras de Ethel Morgan; Las diosas de cada mujer: Una nueva psicología femenina de Jean Shinoda Bolen y los varios títulos de Sandra Roman, sacerdotisa de la Diosa “en la Cruz del Sur”. Una literatura que viene a complementar, en clave de género, el fenómeno de la autoayuda producida desde América Latina que consolidaron en las últimas décadas Paulo Coelho o Jorge Bucay.

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Más allá de los “tips” astrológicos y dietarios, y de la historia de superación personal que presenta en cuanto a una mayor relajación y felicidad, Mia ofrece un ejemplo de éxito empresarial y da ánimos a muchas mujeres que se han embarcado en iniciativas de emprendedorismo. Es importante subrayar que muchas de esas mujeres ya vienen de trayectorias de empoderamiento y autonomización. Mia Astral le habla a profesionales independientes y empresarias. En ese horizonte la consigna “De empoderadas a Diosas” produce un desplazamiento en esas mujeres. Reconoce a este nuevo orden en el que el empoderamiento empieza a ser cuestionado, por haber sido banalizado por el consumismo o bien, porque como se representa en las fotografías que se muestran en una pantalla gigante en el teatro, la mujer empoderada es una mujer conectada con el celular y no con ella misma.

 

“No es solo un libro de predicciones, es una guía para toda la vida” reza el slogan de venta de su último libro de predicciones para 2016. Los libros y los post de Mia Astral son verdaderos manuales de vida moral contemporáneos que deberían ser leídos como parte de un proceso mucho más amplio. Deberían leerse como tales, como una educación sentimental para amplios contingentes de la población, que ofrecen un lenguaje y herramientas para auto-gestionar la vida. El que no entienda esta centralidad y siga considerando que son pura “alienación”, opresión de género o parte de un espíritu maligno llamado “neoliberalismo”, corre el riesgo de no entender uno de los canales de cambio cultural más importantes de esta época. La educación moral de su sermón no es el de montaña, es el más terrenal que pueda encontrarse en la oferta creciente de la salvación contemporánea. No se mide en fieles, sino en likes y twits por segundo.

 

Entre los mensajes que las redes sociales viralizaron durante la última manifestación “Ni Una Menos” contra la violencia hacia las mujeres, circuló se volvió viral un dibujo de fondo rosado con un rostro femenino y un corazón en la mano. Menos popular, pero no menos significativo, fue otro de una chica desnuda en posición de meditación y el brazo en alto que decía: “estamos aquí de pie y en pie, intentando transformar lo siniestro en maravilloso”. Uno de los post que circularon pedía “intencionar la consigna ¡Vivas nos queremos! u otra frase en positivo de lo que deseamos, en vez de ¡Ni una menos! que es una frase negativa”. La apelación no era al Estado sino al universo. ¿Qué nos dicen esas imágenes y esas intervenciones sobre las relaciones entre espiritualidad femenina y activismo politico? No lo sabemos, pero sí sabemos que muchas de las que siguen a Mia Astral se reconocen activistas y se movilizan por sus demandas políticas. Quien escribió ese post, como muchas seguidoras de Mia, no dejaron de estar bajo la lluvia reclamando en el Obelisco con otras miles y miles de mujeres. La fuerza del espiritualismo femenino, del que Mia Astral es solo una parte, moviliza formas de intervención sobre la propia vida que no dejan de ser simultáneas a otras formas de feminismo. Tal vez existen allí muchos más puentes que barreras. Quien pueda entender mejor esas continudades va a gestionar un arma de acción política de alto calibre, tal vez eso también esté escrito en los astros.


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